Y sucumbiste a la tentación de oír su voz
porque es la única que a lo lejos, calma tu dolor
y te volviste ingenua, perdida
tan sólo para complacer a su sórdido corazón
Y callaste las lágrimas de tu alcoba
y te convertiste en silencio mudo
dejando de pronunciar su nombre
porque se había vuelto prohibido
Y amparaste a la Luna sintiendo lástima
una lástima aullante que no conocías
una bajeza para tu propia naturaleza
porque tú eras la confianza hecha palabra
Y empezarte a dedicarles versos a un espejo
y a olvidar cuan lindo era el cielo
y dejaste de cantar una noche augura
para vestirte con el velo de la tristeza
Y no olvidaste, no pudiste olvidar
pues ya no pintaste más las notas alegres
los sonidos frescos...
Te callaste
Y conociste lo desconocido
mirando más allá de lo debido
buscando en labios ajenos
el veneno de los tuyos
Amando las cosas del mundo
sin recordar cuán frágil eras
y jugaste a ser Dios con el dolor del alma
melancolía, un sorbo de la ternura expuesta
Y aún así buscaste su mirada en los rincones de tu cama
queriendo ver brillar la noche con sus ojos
anteponiendo la mente al alma
el deseo al cuerpo... amando
Desconociendo el amor de mentiras
viviendo las mentiras de verdad
callada, ante el silencio,
tan sólo sintiendo... queriendo
Sacrificaste los sentidos en el intento
mataste las esperanzas en el acto
y moriste respirando, lloraste amando
si, yo lloré amando, amándote a ti... Callada
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