
Cuantas veces aparece una historia así. Un principe azul que sale de la nada justamente en el momento que la soledad nos carcome el alma, y lo mejor es igual a la receta de la doctora corazón.
Claro tal vez esa no sea la historia de muchas, no todas tenemos esa suerte y no podemos decir que el fin de la historia son sonrisas y lagrimas de felicidad. Aun cuando es el sueño de todas, hay una parte de la historia que es la mas comun. Tal vez muchas conoscamos esa historia: La aparición del Principe Azul.
Tal vez muchos no entiendan esto, más dejenme ilustrarles: Nenita tiene su novio, Alexito. Nadie niega que ambos se quieren, pero el tiempo ha pasado y las cosas tal vez se han "enfriado". Tal vez sea la distancia, la falta de comunicación, en fin, independientemente de la razón, las cosas por mas que se quiere no van bien.
Y las cosas pasan de otra manera, aparece alguien que de repente. Nenita no tiene la mas minima intencion de involucrarse. Pero ese principe tiene nombre, es de carne y de hueso, es real y lo mejor: esta disponible. Surge la pregunta ¿me Arriesgo?
Hay quienes apoyen ambas posiciones, hay tantas cosas que hacen que ello se convierta en algo de situaciones, de desiciones que aun cuando son necesarias pensarlas, hacen de nuestra exitencia un verdadero picadillo. O quizas, una rica ironia.
Existen cosas que nos hacen cambiar, nadie se enamora igual, aun cuando los sintomas son parecidos, nadie puede querer igual a otro, ni nosotros mismos queremos igual dos veces. En fin el amor llega a convertirse "en la mas dulce tortura" que tenemos los seres humanos.
Terminemos con el caso de Nenita. Ella puede escoger quedarse con su principe azul y nadie le puede decir nada, las cosas que anden mal, aun cuando tenga que ver con ella, aceptemolos: el tiempo nos hizo daño.
Lamentablemente todas las cosas buenas no duran para siempre, Nenita perdera a su principe azul en poco tiempo, no por que las cosas (que ni siquiera han empezado) vayan mal, si no que la distancia siempre impone razones de peso, que solo pocas veces se pueden evadir.
Vuelve a surgir la pregunta si vale la pena arriesgarse. Las cosas serian tan faciles si las relaciones exitosas vinieran en latas de conservas, que aun cuando se pagaran un alto precio por ellas, llegaran a un feliz termino. No obstante, incluso las latas de conserva tienen fecha de expiración y hay ocasiones en las cuales, estando en su vigencia, salen dañadas.
El tiempo nos vuelve meditativos, y la madurez, con su propia capacidad de escoger entre lo que es bueno, realmente bueno y lo que no lo es. Algunas veces es bueno arriesgarse: a veces en la distancia, cuando la batalla contra el tiempo y los kilometros son grandes, nacen las relaciones mas duraderas. Tal vez no haya contacto fisico, incluso el deseo de tenernos cerca uno del otro se vea limitado a un frio telefono, aun monitor de computadora o en los casos mas complicados, a la tinta y a un papel escrito a puño o maquina. Soy de las que cree firmemente que eso puede suceder y no creo que solo fuera para los tiempos de mis abuelas, no, la manera más lógica es sacarle partido a esa lejania. Buscar la manera, que con lo que lees y lo que escribes, ese otro ser no pierda el recuerdo de lo dulce que fue tenerte a su lado y que crezca el anhelo de tenerte allí por mas tiempo.
Más no siempre es así, la particularidad de seres humanos hace que unos soportemos eso, otros en cambio necesitamos tenernos cerca, pero ni soportar una o la otra hara que nuestra relacion sea exitosa. Esas cosas no quitan que hayan ingredientes básicos simples que nunca, al igual que la sal, olvidar echar en nuestra relación. Nunca olvidemos lo valioso que es la comunicación, los detalles (para ambos), las palabras cursis, los poemas (aun cuando sea copiados), al final eso hara que ambos se llenen. Además, no olvidemos que ambas partes necesitan libertad, no es bueno ser un chicle, pero tampoco apliquemos del todo el dicho "juntos pero no revueltos". Mantener la integridad y personalidad de cada quien es importante. Los defectos, todos los tenemos y podemos corregirlos. Más no permitamos que estos sean los causantes de todas las rupturas que tenemos a lo largo de nuestra amplia historia amorosa.
Aprendamos de los errores, muchas veces el no hacerlo, es lo que hace que las cosas vuelvan a salir mal.
Al final, la ultima palabra la tenemos nosotros. Decidimos si nos quedamos con el principe acabado de llegar y pronto a irse o con quien por cierta cantidad de tiempo nos ha acompañado, aguantado todas nuestras charlatanerias, gritos, llantos. Midamos las probabilidades de cambio y si realmente queremos un cambio. No callemos nunca, nunca nos quedemos quietos por no atrevernos a pelear, por seguir un costrumbre. Esas se hiceron para romperse y les aseguro que no nos caera ninguna maldición por hacerlo. Tal como leyeron, NINGUNA.
Sea cual sea la decision que tomemos, esforcemonos por mantenerla, por hacer que siga corriendo y no se estanque. Que en vez de lagrimas de amargura sean de felicidad, que en vez de callar por angustia, grite por alegría. Es necesario hablar, detallar, esto es un mutuo acuerdo, para el amor y la guerra se necesitan dos. Y esto es uno de esos casos donde son dos los que hacen, para llegar al final. A la meta veremos que lo que nos ayudara son los detalles, en todo sin olvidar la libertad propia, la confiabilidad, los secretos propios, las sonrisas picaras.
El amor es así, mientras que "puede que en el mundo haya una sola persona, para una persona tú eres el mundo". Hagamos que cuando hayemos a esa persona, sea principe azul o no, su deseo vemehente sea justamente ese: que sigamos siendo para esa persona "el mundo". No hay nada mejor que eso. Nada. "El amor es lo que nos mantiene vivo mi gente".
1 comentario:
Nice....jeje se me había olvidado escribirlo, bueno al menos ya te lo había contado amiga!.
Los principes azules...los he conocido pero a diferencias de los cuentos, en nuestra realidad cuando los besas se convierten en feos sapos, si!, feos!, no tanto por su apariencia exterior lo verdaderamente aterrador es su interior.
Publicar un comentario