lunes, enero 09, 2006

Un reino llamado hogar

Érase una vez un reino el cual tenía una reina que sabía lo que no tenia y lloraba por lo que había perdido. Una que nunca supo lo que era la felicidad y que aparte de la tristeza, solo conocía la soledad.

Llevo las marcas de una historia llamada vida que nunca he comprendido

Mientras fue niña tuvo un mago que daba respuesta a todo y una madrina vieja la cual siempre la mimaba

Y ella creció y nunca creyó, solo creció y pensó y de la nada el mundo cambio y en reina se convirtió.

También tuvo hadas que jugaban en las sombras de su tristeza y de alguna manera le daban alegría una ciega alegría.

Y hubo un rey y una reina que le dieron todo menos amor. El rey siempre sonreía, la reina tiempo nunca tenia. De aquí para ella lo mejor del mundo, menos aquello cuanto necesitaba

Y llego el día en que las hadas volaron, y la madrina se fue; el mago sonrió y lentamente dijo adiós.

El ocaso también llego y las coronas cedieron; la soledad vestida de gala, la entrego en el vals de la muerte, le dio su corona de gallardía y un corazón de cristal.

Y el tiempo canto su trágica melodía, se mecía entre los árboles agitando la nostalgia en los violines.

Y otro otoño paso para que sus ojos se tiñeron de vació y sus cabellos de impureza.

Recordaba el pasado, si, lo invitaba a beber y a cada gota, mientras mas calor sentía, él le contaba sus recuerdos como si fueses un libro desconocido

Aquella gélida tarde él le contó sobre el poder de los ojos, solo quedaba el recuerdo de un príncipe del norte que con rudeza e incongruencia solo daba a su vida luz, con sus ojos, con su brillo, esa manera inalterable para decir lo que sentía.

Pensó en eso, en sus ganas de quedarse a su lado, en su cobardía de no ir y las lágrimas la visitaron; jugaron con ella, el susurro le decía que ya no importaba, nunca cambiaria era con ello vivir.

Se levanto lentamente y su capa se deslizo con suavidad, todo el mundo su cabeza bajo, si, la reina pasaba.

Tomo la mano del destino, este le entrego tres hilos, pasado, presente, futuro … una elección … volvía a su trono. Con el pasado se llora, se baila, se siente, se disfruta, con el pasado se vive.

Llego la noche y su cielo se tiño de gris con blanco y brillaba, su voz, su nombre, su reino … el príncipe del sur … su sonrisa y misterio, otra vez una decisión.

Le pondría un nombre a su reino, otro nombre que dijera lo que sentía un pueblo y una reina, su latido y un sentimiento.

Bebió un trago si a su reino le pondría otro nombre, a ese reino lo llamaría hogar.

El lugar donde viven los vahos del destino y la malicia de lo que los mortales llaman amor.

Donde se tiene derecho a recordar y a pedir que fuese lo mismo aun cuando no lo fuese.
Si ese lugar donde se guarda el corazón, ese reino llamado vulgarmente hogar … ese era mi reino.

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